Con estas cosas uno pierde la voz, los músculos del cuello se tensan en exceso y eso repercute en que al final tienes un dolor así como a la altura del occipucio como muy importante. La lengua se desata durante toda la noche porque sabe que es la encargada de descargar tensiones.

La mano no paró de escribir dedicatorias y firmar.

Los ojos no pararon de retener lágrimas ante tantas muestras de afecto.

Que gran noche la de ayer.

Es increíble la de gente que puede convocar una pequeña ración de berberechos.

Muchas gracias a todos y todas, os quiero. Sin excepciones.