Crónicas de verano 6

En verano se contrata a cualquiera como camarero y eso provoca extrañas situaciones en los clientes, no hay duda.

Normalmente uno va a un establecimiento público de expedición de bebidas y/o productos alimenticios (o preparados in situ o precocinados) y se encuentra con un profesional que atiende tus requerimientos como cliente de dicho local. La satisfacción del cliente será más o menos grande dependiendo de la profesionalidad de la persona que le ha atendido. En verano la profesionalidad deja de existir en muchos garitos, bares y restaurantes que se dedican a contratar a la primera niña mona que pasa por allí o al pollo más superfashion que aparezca ante un reclamo laboral, dejando de lado el tema del que hablábamos anteriormente y que parece que para muchos empresarios pasa a ser secundario, el profesional del medio.

No quiero decir que las personas guapas y vesitdas a la última no sean profesionales, que los hay, pero lamentablemente no son los más.

Pongo un ejemplo (que no debe tomarse como generalidad, entiendaseme, no es más que un pequeño incidente).

Tarde de mes de agosto en un local de bebidas refrescantes y alcohólicas variadas. Abre por la tarde para familias y demás y por la noche es club, pub, local de copas o como cojones se le quiera llamar. El caso es que el local es muy pintón, tiene una terracita mona y la reina, pepelhijo y pepeltenso deciden ingerir unas refrescantes bebidas líquidas en dicho establecimiento. Al sentarnos una muy mona camarera nos atiende y con profesionalidad nos sirve.

Por algún tipo de motivo no esperado, la camarera desaparece. No sabemos si se abrió una puerta interdimensional donde ella cayó y no pudo regresar o si una nave alienígena pasó por allí produciendo una parada en el espaciotiempo y abduciéndola sin que el resto de los mortales supiésemos que es lo que había pasado. El hecho es que no volvió a aparecer por aquellos lares y eso supuso un verdadero problema a la hora de proceder al pago de los productos ingeridos. Una rápida visual desde el sitio donde estaba sentado, le permitió a  pepeltenso localizar en el interior del local a la poca fauna que en ese momento allí habitaba. A saber:

– Dos homínidos al parecer de sexo masculino, parapetados detrás de dos considerables barrigas en un extremo de la barra del bar.

– Dos homínidos del sexo femenino (sin duda), al otro lado de la anteriormente mencionada barra que respondían con extraños sonidos a los emitidos por los dos homínidos masculinos.

Pepeltenso se levanta y avanza hacia la barra con la misión de que se le cobre el importe de las bebidas consumidas.

Llegada a la barra. Pepeltenso apoya sus brazos en ella. Los homínidos femeninos echan una visual hacia él, le observan de arriba a abajo y vuelven a intercambiar sonidos guturales incomprensibles con el resto de la fauna. Los masculinos ni se inmutan. La música suena considerablemente más alta de lo que esperaba pepeltenso en un principio.  Pepeltenso emite un “Por favor” que es ignorado o no escuchado por la fauna femenina del lugar. Repite a más volumen la frase anterior con el mismo resultado. Al tercer intento uno de los representantes femeninos de la fauna del local mira con desdén a pepeltenso y se acerca hasta él. Una vez llega a la altura de pepeltenso dice:

– quequiereh

a semejante frase le acompaña un rictus que se podría definir entre asco y desprecio. Pepeltenso se atreve a responder:

– ¿Me cobras?

a lo que el rubio ser femenino (porque era rubia la personajilla) responde.

– Ej que hemoh apagad lamáquina.

Pepeltenso se pasma, ¿no me pueden cobrar porque han apagado la máquina registradora?

– No, que me cobres por favor -vuelve a decir pepeltenso con una amplia sonrisa.

– Quejquelamáquinastápagá y no ponemoh café -responde la rubia fémina de malas maneras.

– ¡Que no!, QUE-ME-CO-BRES, que quieropagar -pepeltenso se contiene para no tomar una cucharilla de mezclas y clavársela en mitad de la garganta.

– ¡Ah!, jijijiji, creí que queríah un café y no podemhs porque estápagá lamáquina -insiste el infraser.

– Vale, pero ¿me cobras? -pregunta pepeltenso tratando de mostrar de nuevo un buen gesto.

– ¿Queteniah? -vuelve el gesto de desprecio en el rostro que está debajo de la melena rubia.

Pepeltenso relata las bebidas consumidas, la rubia no se entera, pepeltenso insiste, la rubia no lo pilla. Pepeltenso pierde la calma, los seres parapetados detrás de la barriga ya miran a pepeltenso.

Pepeltenso inspira y mira al suelo.

– Mira, estamos sentados en aquella mesa, cóbrame las consumiciones de aquella mesa -dice pepeltenso mientras señala con el dedo al sitio donde estaba,

El infraser femenino mira por encima del hombro de pepeltenso. Se da la vuelta y va a la caja registradora que es de esas modernas con pantalla TFT, toca y aparece un plano con todas las mesas, vuelve a tocar sobre la mesa señalada por pepeltenso, se emite un recibito.

– Son vinticinco euroh -dice la camarera mientras arroja un platito con el recibo a pepeltenso.

Pepeltenso paga la cantidad tras revisar el recibo y se marcha.

– ¿Por qué has tardado tanto? -pregunta la reina.

– Luego te lo cuento.

Crónicas de verano 5

Fauna marina.

Llegada a paradisíaca calita almeriense en el parque natural de cabo de gata. Pepelhijo otea el horizonte mientras pepelpadre coloca sombrilla y la reina extiende toallas. Pepelhijo divisa plataforma marina en la que hay toboganes y trampolines varios. Pepelpadre observa que hay bandera amarilla, pero no hay olas. Extraño, piensa.

Pepelhijo comienza su ronda de argumentos para hacer nadar a pepelpadre hasta la dichosa plataforma que ha detectado. Pepelpadre analiza la situación y llega a la conclusión de que para su escasa forma física está demasiado lejos la plataforma como para que pueda llegar a nado hasta ella. Pepelhijo no desespera, insiste en que han de ir juntos hasta allí. ¿Por qué habrá bandera amarilla?, se pregunta intrigado pepelpadre. Pepelhijo sabe que a base de ponerse pesado conseguirá que pepelpadre le acompañe hasta la plataforma marina. Pepelpadre finalmente sucumbe ante la insistencia y ambos comienzan su hazaña marina de alcanzar el objeto de deseo de pepelhijo.

El nado es relativamente rápido y en pocos minutos se plantan muy cerca del objetivo, apenas unas brazadas más y estarán en la plataforma. En un momento dado pepelhijo pega un alarido que, obviamente, alerta a pepelpadre. Parece ser que una medusa ha tocado el brazo de pepelhijo y le ha dejado una buena marca, aparte de una buena dosis de dolor que se refleja en la cara de la criatura (de pepelhijo, no de la medusa). Pepelpadre, pese a su escasa pericia como nadador, lleva a pepelhijo hasta la plataforma. Ambos suben a la misma. Ahora pepelpadre ya sabe por qué la bandera amarilla.

Rápido análisis del brazo. La cosa no ha sido exagerada, pero es bastante hermosa la irritación en el brazo. Pepelhijo se queja del dolor. La zona está muy enrojecida y comienza a hincharse. Pepelpadre observa el agua y divisa pequeñas medusas alrededor, no en una cantidad alarmante, pero sí pasan de vez en cuando por delante. Hay que volver y pepelhijo expresa notables muestras de pánico al pensar en la posibilidad de volverse a zambullir en las aguas donde habitan los casi transparentes seres vivos.

En la plataforma hay un otro ser de pequeña edad, aunque no de la misma nacionalidad del pepecombo. No hace más que dar vueltas alrededor de la plataforma y en cuanto divisa una medusa, trata de espantarla con las manos. Pepelpadre comienza a dudar de la inteligencia de este pequeño y rubio humanoide.

Nuevo intento por parte de pepelpadre para convencer a pepelhijo de que hay que zambullirse de nuevo para poder llegar a la orilla y acudir al puesto de socorro para que apliquen algún tipo de ungüento o pomada a la zona afectada de la anatomía de pepelhijo y que así se cure y deje de doler. Parece que esta última razón ha convencido a pepelhijo. Pepelpadre analiza la situación:

– No hay muchas medusas

– Las medusas no son muy grandes.

– La corriente marina va de izquierda a derecha.

– De la plataforma sale una maroma que tiene atadas unas pequeñas boyas y esta hilera llega cerca de la playa.

La solución es fácil y se la explica a pepelhijo:

– Pepelhijo ha de nadar por la parte izquierda de las boyas.

– A la izquierda de pepelhijo nadará pepelpadre que hará de pantalla ante un posible ataque de salvajes medusas.

– En caso de nueva picadura, pepelhijo siempre puede asirse a las boyas, si así lo requiere.

El pequeño y rubio humanoide de desconocida nacionalidad escucha las explicaciones que pepelpadre da a pepelhijo. Debe entender español, piensa pepelpadre.

Comienza la operación retorno a la playa. Pepelpadre salta al agua y a continuación pepelhijo. Ambos se colocan en la situación acordada con anterioridad. Detrás de ellos suena un chapoteo. El pequeño y rubio humanoide extranjero ha decidido unirse a la operación. La anatomía de pepelpadre da para poder cubrir a los dos infantes, así que parten los tres en pos de tomar la playa. Comienza el nado, pepltenso trata de dar ánimos, los infantes tienen cara de miedo. Pepelpadre continúa dando ánimos mientras bracea en paralelo a ellos. Toda va bien y la velocidad de crucero es adecuada, en poco tiempo, calcula pepelpadre, llegarán a la playa. Está a punto de acabarse la líneade boyas. En ese momento pepelpadre siente un fuerte dolor en su hombro izquierdo. Una medusa le ha atacado. Pepelpadre piensa rápidamente. No puede quejarse, ni mostrar cara de dolor ya que seguro que sembraría el pánico entre la población infantil de la comitiva, lo que pondría la cosa bastante mal. Pepelpadre decide en décimas de segundo continuar nadando como si nada. El hombro izquierdo de pepelpadre comienza a dormirse por la agresión de la medusa, pero impávido continúa con su labor de protección y aliento a los infantes. Ya no hay boyas, aunque pepelpadre sigue observando que hay alguna medusa a su alrededor. Apenas unos metros restan para llegar a la playa. Sin boyas a las que asirse, pepelhijo no para de preguntar si su progenitor hace pie. En cuanto pepelpadre puede plantar el pie en el fondo de la playa, ambos infantes se cuelgan del cuello de éste.

Pepelpadre comienza así una lenta y corta caminata hasta la orilla, los infantes han llegado sanos y salvos a la orilla.

Llegada a la sombrilla y relato de los hechos a la reina que no sale de su asombro. Confesión de pepelpadre del ataque medusil sufrido en su anatomía.

Visita al socorrista que aplica a pepelhijo una pomada blanca en la zona afectada por el ataque de la medusa. Pepelpadre decide no aplicarse nada, un pepeltenso es muy hombre para andarse con esas cosas.

Notas para un pepelpoema

Por aquello de que ya hemos vuelto a la rutina y creo que de momento huelgan las crónicas de verano, aunque en breve volveré con ellas.

De momentounas notas que he recuperado del cajón del olvido para construir un pepelpoema.

Subo por el camino
que lleva hasta la antigua iglesia.

Allí las mariposas y los pájaros negros
compiten por aparecer una noche más
en todos los sueños.


Arriba las nubes son
pequeños trozos de papel de aluminio.
 
Secas, estériles, frías.
 
Las herramientas de precisión
aquí de nada sirven ya.
Tengo los labios en crisis
y ya no pueden mendigar salvaciones.

Cronicas de verano 4

Se acabó el veraneo, que no el verano.

Tras luchar con los seres de otros mundos, sus extraños himnos y con un mar que una y otra vez trataba de meterse en mis oídos, he vuelto a la capital de aqueste absurdo reino.

En fin, aún no ha terminado el verano. Aunque regresamos al trabajo, mierdadevidaesta.

Crónicas de verano 3

Seres abominabilis veranienses:

Me encuentro observando la flora y la fauna local. Curiosa, sobremanera.

Los más curiosos,  por el momento, y que han centrado mi observación y análisis son seres venidos, esto es seguro, de inframundos terroríficos y olvidados. Mundos descritos en muy pocas ocasiones por personas que perdieron la razón y la vida a temprana edad.

No cabe duda que su misión es preparar el terreno para el advenimiento del gran fétido, del señor de lo oscuro, de la criatura dueña de todos los males.

Visten curiosos ropajes, aunque podrían disimularse sin problemas con la fauna común (cortas pantaloneras y prendas de tejido de algodón que normalmente dejan ver perfectamente las extremidades superiores sin problema alguno, ambas prendas con cantidades ingentes de suciedad).

Lo que les hace realmente peculiares son las extrañas prótesis con las que cubren sus cabezas. Semejan a medio huevo de color negro cuya utilidad escapa a cualquier intelecto. Bailan en sus esféricas extremidades sin ton ni son ya que no se sujetan por los cables diseñados a tal efecto. Dichas prótesis son de color negro (acorde claramente a los oscuros objetivos a los que han sido traídos a este pequeño planeta), semiesféricas y con una pequeña protuberancia en la parte que se adivina como delantera con la que se supone tapan sus órganos encargados de videar de los rayos solares.

Cabalgan estos infraseres sobre extraños jamelgos que por patas tienen un par de circunferencias negras de pequeño diámetro. Dichas cabalgaduras  llevan acopladas las trompetas del apocaclipse (apocalipsis en otras culturas) y hacen que suene por toda la geografía en la que han hecho su madriguera a cualquier hora del día o de la noche. El sonido que emiten es, desde luego, la llamada al señor de los abismos en la tierra. Sonido atronador, ensordecedor, desagradable en tono máximo. Ruido infernal que no para de sernos regalado para el aturdimiento generalizado en espera del advenimiento del mencionado fétido.

Suelen moverse en pequeños grupos de tres o cuatro individuos, a veces cabalgan dos sobre la misma montura y otras veces (las más) suelen hacer que sus cabalgaduras corran sobre una sola de sus circunferencias.

¿Nadie podrá devolver a estas criaturas a su fétido agujero de donde nunca debieron salir?, ¿acaso no se ha dado cuenta nadie de lo que se nos viene encima?, ¿no se ha percatado nadie de la extraña y maléfica mirada que de soslayo nos regalan cuando encabritan sus monturas envueltos en ese ensordecedor llamado de servidumbre a la bestia?

Cuentan que estas mismas criaturas se han visto en otras latitudes, si es así, que los Cielos se apiaden de nosotros. ¿Es el tunning la evolución natural de aquesta triste y peligrosa religión de los avernos?

P.D. Mi reina sigue tornando su piel cada vez más oscura. Me pregunto ¿es natural?, ¿debo asustarme?, ¿es normal este cambio de piel?

Crónicas de verano 2

Curioso el efecto musical del sur del país patrio en el que habito.

Aparte de una pasión desaforada por el tunning de coches que no acabo de entender (pero ¿quién coño a engañado a la gente diciéndoles que los coches así son bonitos?), el niveldel volumen musical y de ruido que se respira por estas tierras es, de lejos, muy superior a lo que soportamos en sitios como la capetal del reino.

¿Por qué la música se escucha en la calle a niveles de saturación que roza el dolor?, ¿son superhombres y supermujeres las personas que habitan en el sur de Españñññña, con unos niveles de resistencia al ataque del tímpano superiores a la media del resto del mundo mundial?, ¿la música del sur de la península (zona aspañññola) es siempre absoluta y radicalmente distinta al resto de la geografía patria?

Puedo jurar y juro que los éxitos musicales sufridos por mis oídos en estos pocos dias, jamás habían sido escuchados previamene. ¿Acaso conocen ustedes la versión Hip-Hop-flamenco-calorri del “testoyamandolocamentiperonosecomotilovoyadisir”?, pues por estos lares es todo un triunfo que se escucha por todos los coches absolutamente horteras que se precien. Ni siquiera mis discos de Nick Cave (cuidadosamente pasados a mp3 para mi reprodustor personal) pueden con estos sincopados y aflamencados ritmos.

¿De dónde salen todos esos baladones flamenco-calorris que se escuchan en las mismas máquinas mencionadas con anterioridad y que hacen que los pelos de mi espina dorsal se estremezcan y se empinen como escarpias?

Y tras esto me pregunto, ¿dónde quedó Georgi Dann? porque por la playa vendiendo el fanta de limón y el fanta de naranja, además del rico y frío cocacola no anda, no.

Menos mal que en Antena 3 están poniendo Star Wars.

Crónica 1 del verano de 2008

Vale, llevo ya unos cuantos días de vacaciones y de hecho llevo ya 10 en la playa, pero he estado luchando contra las ingentes tropas de los operadores de telefonía móvil (Orange en este caso) para conseguir hacer funcionar el maldito chisme que entre loores de victoria y miles de fotos propagandísticas me vendieron.

Finalmente funciona.

Bien, comienzo las crónicas.

Días de mucho calor en las costas almerienses, francamente.

Superman y yo hemos luchado con grandes cantidades de aguas del mar mediterráneo y finalmente una ola pudo con superman, concretamente con su oído izquierdo que hizo que este supurara hasta el día de hoy.

Mi reina ha mutado en un color extrañamente negruzco y ella se empeña en decirme que es por culpa del sol, pero yo sigo sospechando que ha sido abducida por algún tipo de extraño ser extraterrestre que, tras largos e inconfesables experimentos, ha hecho que algún efecto secundario le haya tornado el tono de piel lo más cercano a la familia de Mobutu.

Por la parte de pepeltenso sigue totalmente monopolizado por los superpoderes de superman y de vez en cuando por algún oscuro hechizo realizado por la nueva personalidad de la reina.

Hago fotos y tengo casi terminado el primer capítulo de mi novela.

Me voy a zambullir mi cuerpo en las refrescantes aguas del mar mediterráneo.

Mañana contaré lo que las nocturnas tropas del botellón han conseguido hacer con el dulce mundo de mis sueños, nada bueno, adelanto.