Nueva expo, colectiva.

Desde la Asociación fotográfica AGSI (a la que tengo el honor de pertenecer):

PAISAJES
urbanos y no tan urbanos

Una exposición fotográfica colectiva a cargo de:
– Carmen Lafuente
– Federico Romero
– Ángel Caraballo
– José Naveiras

En Badulake Klub (C/Salitre, 30. Lavapiés. Madrid)
del 31 de marzo al 26 de mayo de 2010

La foto del cartel es de Carmen Lafuente y el cartel lo he hecho yo.

Igual, siempre

Siempre igual

robando roces

en las esquinas

en las barras de bar

en las lavanderías

.

Me acerco al otro lado

del silencio

donde siempre residimos

los desorientados.

.

Siempre igual

lanzando arengas

como cortocircuitos

como lamentos

como armas de construcción masiva.

.

Ojos electrónicos,

vagabundos de las razones,

desertores de intimidades,

oteando las verdades.

.

Siempre igual

esperando héroes

cuando no quedan dientes

para morder las necedades

para roer las injusticias

para luchar en primera persona.

.

Siempre igual que siempre,

sin voces que permitan

observar el bosque.

Siempre igual que siempre

que siempre

igual

siempre.

La obra del diablo en la tierra

Sí, eso son las oficinas de empleo, una sucursal de Mefistófeles en la tierra, una franquicia del averno aquí mismo, un auténtico suplicio para cualquier deprimido ex-trabajador.

Es inexplicable que tú entres a una de estas sucias, feas y avejentadas oficinas con una pequeña carpeta bajo el brazo que contiene unos pocos papeles sobre tu defenestrada vida laboral y lo primero que te encuentres es una fila de mesas donde unos malhumorados funcionarios (pobres, se que no tienen nada que ver en toda esta mierda) con un montón de hojas impresas colgadas por todos lados que suele poner con letras enormes: ESTO NO ES INFORMACIÓN.

Entonces tú, atormentado parado en ciernes, te preguntas ¿dónde cojones está información? Rápidamente echas una visual para ver si en algún lado pone “INFORMACIÓN” para acudir a esa mesa o ventanilla salvadora que guíe tus pasos por este extraño agujero en el que has caído. Nada. No hay nada. Lo único que descubres son otros semejantes a ti, con la misma cara de gilipollas que tú, buscando exactamente lo mismo que tú. Pero nada, no hay nada de la deseada ventanilla de información. Una segunda visual, rápido, algo se me ha tenido que pasar. Piensas erróneamente. No existe. Pero sí descubres una extraña máquina que expide tickets y que tiene 3 botones:

– Botón A –> Alta/Reanudación de prestación/revisión de documentación

– Botón B –> Solicitud de prestación

– Botón C –> ya ni me acuerdo lo que ponía en aquél maldito botón.

Todo ello en un cuadradito de apenas 20 cm. por 15 cm. Pasmoso. Uno que, aunque es parado, no es tonto, aprieta el botón A y sale el papelito que te otorga el número A78. Miras y descubres una pantalla de brillantes luces rojas en el se puede ver A65. Vale, te pasmas por la cantidad de gente que hay delante de ti y tomas asiento en una especie de bancada que hay frente a ese oráculo de letras rojas luminosas. Echas de nuevo una visual a la oficina. Te das cuenta que todos lo que deambulaban sin rumbo y con cara de gilipollas han optado por hacer lo mismo que tú y se aferran a ese papelito impreso con la misma cara de esperanza que tú. Ay que sería de nosotros sin estos papelitos.

Un pitido precede al cambio de número del panel. La cosa va rápida, parece. Una señora se empeña en informar a toda la gente que estamos allí que ella percibe 400€ de prestación mientras chilla y mira a una funcionaria que no le hace ni caso mientras tramita cosas en su mesa. La señora tras repetir 500 veces lo que gana en el paro y lo jodida que es su situación y tras descubrir que la hace caso ni Dios (créanme allí no habita este señor), decide callar y sentarse a mi lado en la bancada. Un sudor frío comienza a caer por mi frente ante la idea de que la señora me tome a mi como su próximo muro de lamentaciones ya que, sin mirarla fijamente (uno sabe siempre que si no ves el problema, éste no existe y esta señora es un problema), adivino que está oteando en busca de víctima en la vomitar sus quejas. Afortunadamente el oráculo rojo brillante muestra el mismo número que ella lleva en la mano y sale disparada hacia la mesa correspondiente. El oráculo me ha salvado, loado sea él.

Reviso los papeles que llevo en la carpeta, no querría haberme dejado nada que pudiera ser solicitado:

– Ultimo contrato.

– Última nómina.

– Certificado de empresa (este es el único y más importante documento que has de llevar al puto INEM).

– Carta de despido.

– Lo mismo pero del trabajo anterior al último (por si acaso, ya saben ustedes como es esto de la administración).

– Imagen de San Expedito Mártir que me ayuda en mis momentos de bajón.

Se que no necesito todo esto, pero lo llevo por el por si acaso. No quiero volver por aquí si no es absolutamente necesario.

Llevo un libro de poesía en el bolsillo, uno de Belén Reyes que lleva por título “Desnatada”, se lo recomiendo de verdad, y leo mientras espero. Por fin el oráculo muestra el número con el que he sido agraciado para que me atiendan. Voy a la mesa y una atenta señorita me pide el certificado de empresa y el DNI. Me pregunta si es reanudación de prestación o alta. Le digo que lo primero. Saca una hoja autocopiativa (me encanta ese palabro, autocopiativo, tendré que hacer un poema con ella, pienso), me la entrega, me dice que debo rellenar 4 datos y me indica hablando a toda leche: “Ahorasubeustéarribayseinscriendemandadempleo

yluegocuandotengalademandavaustéytomalaByacudeasolicitudedeprestación”, ¿Que me tome una qué? pregunto atónito y agotado por intentar entender lo que sin dudad es una frase que la funcionaria repite unas 2000 veces diarias. La funcionaria me sonríe y me dice: “La maquinita, tomas un ticket pulsando la letra B”. AAAAaaaaah, claro, tomo una B. Ok (últimamente se me ha pegado esa coletilla y no me gusta francamente). Entiendo. Demanda de empleo, letra B y solicitud de prestación. La chica se ríe y afirma mi enumeración. Muy bien, muchas gracias. No hay de que.

Subo los peldaños de otra oficina en la que, al abrir la puerta, veo una señora agachada escribiendo sobre una mesa y mirando nerviosa para los lados. Encima de ella hay una máquina expendedora de tickets, otra. A la derecha de ésta, otro oráculo de letras rojas brillante (algo más cutre y desvencijado que el de abajo, la verdad). Al fondo una sala con unas 15 mesas de atención en las que hay sólo 4 funcionarios haciendo sus labores. Entro y me pongo al lado de la señora agachada. Ésta no para de escribir. Comienza a mirar hacia arriba, hacia mi, tapando lo que escribe con una mano, como si estuviera haciendo un examen. No entiendo nada, la verdad. Tomo un número de la máquina expendedora: 72. El oráculo indica el 75. Esto casi lo entiendo menos. En las sillas de espera sólo hay una pareja, me siento a su lado. No saco el libro. Debo poner toda mi atención en ver que pasa, tengo un número anterior a lo que el oráculo me dice y eso me hace poner nervioso. La señora del examen continúa con su labor y yo cada vez más atónito pensando en que cojones estará haciendo. La pareja de al lado se han ido con una señorita que ha entrado. Yo tomo mi hoja autocopiativa y saco un bolígrafo del bolsillo con el que voy escribiendo los datos que me indicaron abajo. Termino. La señora del examen continúa. No es posible que esté cumplimentando lo mismo que yo. Suena el oráculo: 76. Me levanto y voy a la mesa que indica el luminoso. Buenos días. Buenos días. Tenéis un problema con los números, esto da el 72 y sin embargo la pantalla marca el 76, le informo a la amable señorita. Uy, gracias, ya se ha descolocao otra vez. Un momento. Se levanta y va hacia la maquina al tiempo que me chilla ¡Vaya sacando el DNI!. Por supuesto, aquí está. La señorita me pregunta por mi dirección y teléfono. Busca empleo de informático ¿verdad? Sí. Muy bien ¿Inglés? Por u momento estoy tentado en responderle, no español, pero no me atrevo, no se si ese tipo de respuestas sentarán muy bien en el infierno. Le comento mi nivel de inglés. ¿Informática? Me quedo un poco extrañado, tratando saber exactamente que me está preguntando. Ella se ríe y dice Uy que tontería si es usted informático. Sí claro.

Buenopuesyastáhorabajustéalsitiodedondehavenido

yesperaquelellamenparaentregarlesudemandadempleo.

Muy bien, muchas gracias (esta vez no he dicho ok).

A usted, buenos días.

Buenos días.

Bajo y espero frente a una señora muy antipática que está parapetada tras una mesa y que de vez en cuando chilla algún nombre.

¡JOSE NAVEIRAS!

¡Yo!, ¡Yo!

Me acerco a la mesa y me entrega un papelito que dice “Demanda de empleo”.

Recuerdo que debo ir ahora a la primera maquinita y pulsar la letra B. Mientras lo hago miro a la chica que me ha atendido la primera vez y veo que se ríe mientras ve como tomo mi B. Lo alzo y le pregunto ¿y ahora? Por ahí, señala al fondo de la oficina. Pasas por debajo de la escalera, sigues el pasillo y esperas  en la sala a que salga tu número. Gracias de nuevo. No hay de que. Me sonríe ¿se podrá ligar en este lugar? Me pregunto.

Avanzo y paso por donde me ha indicado la señorita A. Llego a una gran sala, miro mi papelito, B52. Pienso en el grupo de los 80. Miro al correspondiente oráculo. B15. Me muero. Lo confieso, estas cosas me quitan un poco de vida cada vez. Tomo asiento. Recuerdo mi libro. Lo saco del bolsillo y me pongo a leerlo. Lo termino. Miro al oráculo. B36. Vuelvo a abrir el libro. Me lo vuelvo a leer, no es muy largo. Miro al oráculo de nuevo. B50. Guardo el libro. Abro la carpeta y vuelvo a repasar los papeles. No he perdido ninguno, ni los que yo traía, ni los que me han entregado aquí. B52. Me dan ganas de gritar de alegría, pero guardo la compostura. Me acerco a la mesa y comienzo a hacer entrega de los papeles que creo que son necesarios: el formulario autocopiativo, el certificado de empresa, la demanda de empleo. Espero. ¿Me da el DNI? Se lo doy. La mujer que me atiende no para de golpear el teclado con sus dedos, sin preguntar nada, muy seria, muy profesional. De repente para con la actividad frenética de sus dedos, gira bruscamente la pantalla de su ordenador y me dice, ve, este mes le corresponde cobrar esta cantidad queseharáefectivadel10al15decadamesyacontinuacióustécobraráestaotracantidadenelperiodoindicado

anteriormentedecadamescorrespondientehastaelproximoaño.

Perfecto. Tome sus papeles y su DNI. Muy bien, gracias. No hay de que.

Meto todos los papeles en la carpeta y me voy hacia la salid. Paso por la mesa de la señorita A. Adiós buenos días. Adiós. Salgo. Respiro hondo. Va a llover. Es normal, estamos en primavera.

Hoy

Hoy

sopa de cebolla

con ramas de olivo

y cuchara de madera con agujeros

para que dure un poco más.

.

Hoy

cerveza fría

con burbujas de ibuprofeno

que si no

después duele la cabeza.

.

Hoy

me matan las mañanas

que paso a solas en los bares

sin más compañeros

que todas estas balas

que no se de donde salen.

FA.S.E.

Bueno, como vuelvo a estar en paro (tremenda putada que me han hecho, oiganme) y tengo que mantener la cabeza ocupada en algo que no me suponga un desembolso de dinero que no tengo, he creado FA.S.E.: Factoría de Sonidos Eclécticos.

En realidad no es más que un Podcast al estilo del otro que tenía (Atapuerca Factory), sólo que lo he cambiado de nombre y servidor.

La idea es poner música que me gusta para aquellos que les guste. Aquelas personas que no se sientan a gusto escuchándolo, pues que no lo hagan.

Yo me dedico a poner música en mi ordenador, la mezclo y el resultado lo cuelgo en la red.

El tema de cabecera lo hemos hecho mi hijo y yo en el Mac y ha quedado muy chulo jejejeje.

Disfrutad de ello, trataré de que periódicamente se vaya actualizando.

pepelpoema de hoy

Con las uñas

.

Me tiemblan las palabras

Me pesan tanto los atardeceres

.

Creo en las manos

en el gozo,

en sus parpadeos,

en el chocolate,

en el movimiento,

en los abismos,

en las campanadas,

en el champú anticaspa,

aunque sepa que nunca funciona.

.

Me sobrecoge el camino

Me impactan los vidrios mojados

.

Creo en el frío,

en la palabra,

en sus labios

en el silencio,

en los racimos de viento,

en la nieve,

en el vapor,

en la sangre,

aunque a veces se quede helada.

.

Me duele el verbo

Me agota la dinamita

.

Creo en el espectador,

en el dolor,

en sus latidos,

en las puertas,

en las terapias,

en la espuma del mar,

en los refugios,

en los taxis,

aunque siempre estén ocupados.

.

Y aún así me sigo dejando las uñas en luchar

contra el sinsentido diario

contra los jamases

contra todas esas bestias que nos atacan antes del anochecer.

.

Ya ni siquiera uso el cortauñas.

Poeta

No soy yo muy dado a recomendar poetas y poemas desde este sitio, para ello tengo una par de cositas creadas por ahí desde las que recomiendo lecturas y autores y autoras de distinto tipo, tamaño y color.

La persona que quiero recomendar, he de reconocer, que no me acababa de convencer al principio, cuando la escuche en un recital de Lavapiés. Pero a base de leer su trabajo, acudir a recitales suyos y conseguir hablar con ella en un par de ocasiones, no tengo por menos que rendirme ante ella. Alguna vez la dejo en su blog algún mensaje de odio por lo bien que escribe. Pura y sana envidia, no crean ustedes. Bueno, a lo que vamos, ella se llama Bárbara Butragueño y es una de las personas que mejor escriben actualmente en Madrid, al menos poesía. Desconozco si está trabajando en otro sentido. Además es una iilustradora excepcional, con un trabajo que podrán comprobar en su blog.

Por cierto,  lo de no recomendar poetas desde aquí es sólo porque luego la gente se lo toma a mal si no se hace lo propio con su obra, quehaygentemurraraporahí, oiganme.

Para leer su trabajo pinchen ustedes AQUÍ y disfruten

Peluches

Se han roto tantas cadenas

y ninguna retenía nada
sólo sujetaban,
pero se han roto las cadenas
y ahora vagamos
con aire de indiferencia
en nuestros rostros
y lastres atados
a nuestros párpados.
La indiferencia
es el arma,
el frío
la derrota.
Las cadenas abrigaban
tanto como los labios
y ahora sólo nos quedan
una montaña
de peluches muertos
que no hacen sino
enfriar nuestra habitación.
(de mi  libro inédito “Poemas externos”)

El gato

Otro gato muerto
sobre el asfalto
negro y sucio.

Vida destruida
por la indolente
tecnología cotidiana.

Hueso fragmentado,
machacado al paso
del caucho
todopoderoso.

Detritus esparcido
por la calzada,
visceras convertidas
en despojo de vertedero.

Piel,
carne,
agua,
pelo,
sangre,
cerebro
que desaparecen
poco a poco
adheridos a distintos componenentes
de automóviles ciegos,
hasta que al final
se borre cualquier rastro
y sólo quede
el asfalto,
aséptico,
muerto,
yermo,
perenne.

Como si jamás
el gato hubiera existido.