La obra del diablo en la tierra

Sí, eso son las oficinas de empleo, una sucursal de Mefistófeles en la tierra, una franquicia del averno aquí mismo, un auténtico suplicio para cualquier deprimido ex-trabajador.

Es inexplicable que tú entres a una de estas sucias, feas y avejentadas oficinas con una pequeña carpeta bajo el brazo que contiene unos pocos papeles sobre tu defenestrada vida laboral y lo primero que te encuentres es una fila de mesas donde unos malhumorados funcionarios (pobres, se que no tienen nada que ver en toda esta mierda) con un montón de hojas impresas colgadas por todos lados que suele poner con letras enormes: ESTO NO ES INFORMACIÓN.

Entonces tú, atormentado parado en ciernes, te preguntas ¿dónde cojones está información? Rápidamente echas una visual para ver si en algún lado pone “INFORMACIÓN” para acudir a esa mesa o ventanilla salvadora que guíe tus pasos por este extraño agujero en el que has caído. Nada. No hay nada. Lo único que descubres son otros semejantes a ti, con la misma cara de gilipollas que tú, buscando exactamente lo mismo que tú. Pero nada, no hay nada de la deseada ventanilla de información. Una segunda visual, rápido, algo se me ha tenido que pasar. Piensas erróneamente. No existe. Pero sí descubres una extraña máquina que expide tickets y que tiene 3 botones:

– Botón A –> Alta/Reanudación de prestación/revisión de documentación

– Botón B –> Solicitud de prestación

– Botón C –> ya ni me acuerdo lo que ponía en aquél maldito botón.

Todo ello en un cuadradito de apenas 20 cm. por 15 cm. Pasmoso. Uno que, aunque es parado, no es tonto, aprieta el botón A y sale el papelito que te otorga el número A78. Miras y descubres una pantalla de brillantes luces rojas en el se puede ver A65. Vale, te pasmas por la cantidad de gente que hay delante de ti y tomas asiento en una especie de bancada que hay frente a ese oráculo de letras rojas luminosas. Echas de nuevo una visual a la oficina. Te das cuenta que todos lo que deambulaban sin rumbo y con cara de gilipollas han optado por hacer lo mismo que tú y se aferran a ese papelito impreso con la misma cara de esperanza que tú. Ay que sería de nosotros sin estos papelitos.

Un pitido precede al cambio de número del panel. La cosa va rápida, parece. Una señora se empeña en informar a toda la gente que estamos allí que ella percibe 400€ de prestación mientras chilla y mira a una funcionaria que no le hace ni caso mientras tramita cosas en su mesa. La señora tras repetir 500 veces lo que gana en el paro y lo jodida que es su situación y tras descubrir que la hace caso ni Dios (créanme allí no habita este señor), decide callar y sentarse a mi lado en la bancada. Un sudor frío comienza a caer por mi frente ante la idea de que la señora me tome a mi como su próximo muro de lamentaciones ya que, sin mirarla fijamente (uno sabe siempre que si no ves el problema, éste no existe y esta señora es un problema), adivino que está oteando en busca de víctima en la vomitar sus quejas. Afortunadamente el oráculo rojo brillante muestra el mismo número que ella lleva en la mano y sale disparada hacia la mesa correspondiente. El oráculo me ha salvado, loado sea él.

Reviso los papeles que llevo en la carpeta, no querría haberme dejado nada que pudiera ser solicitado:

– Ultimo contrato.

– Última nómina.

– Certificado de empresa (este es el único y más importante documento que has de llevar al puto INEM).

– Carta de despido.

– Lo mismo pero del trabajo anterior al último (por si acaso, ya saben ustedes como es esto de la administración).

– Imagen de San Expedito Mártir que me ayuda en mis momentos de bajón.

Se que no necesito todo esto, pero lo llevo por el por si acaso. No quiero volver por aquí si no es absolutamente necesario.

Llevo un libro de poesía en el bolsillo, uno de Belén Reyes que lleva por título “Desnatada”, se lo recomiendo de verdad, y leo mientras espero. Por fin el oráculo muestra el número con el que he sido agraciado para que me atiendan. Voy a la mesa y una atenta señorita me pide el certificado de empresa y el DNI. Me pregunta si es reanudación de prestación o alta. Le digo que lo primero. Saca una hoja autocopiativa (me encanta ese palabro, autocopiativo, tendré que hacer un poema con ella, pienso), me la entrega, me dice que debo rellenar 4 datos y me indica hablando a toda leche: “Ahorasubeustéarribayseinscriendemandadempleo

yluegocuandotengalademandavaustéytomalaByacudeasolicitudedeprestación”, ¿Que me tome una qué? pregunto atónito y agotado por intentar entender lo que sin dudad es una frase que la funcionaria repite unas 2000 veces diarias. La funcionaria me sonríe y me dice: “La maquinita, tomas un ticket pulsando la letra B”. AAAAaaaaah, claro, tomo una B. Ok (últimamente se me ha pegado esa coletilla y no me gusta francamente). Entiendo. Demanda de empleo, letra B y solicitud de prestación. La chica se ríe y afirma mi enumeración. Muy bien, muchas gracias. No hay de que.

Subo los peldaños de otra oficina en la que, al abrir la puerta, veo una señora agachada escribiendo sobre una mesa y mirando nerviosa para los lados. Encima de ella hay una máquina expendedora de tickets, otra. A la derecha de ésta, otro oráculo de letras rojas brillante (algo más cutre y desvencijado que el de abajo, la verdad). Al fondo una sala con unas 15 mesas de atención en las que hay sólo 4 funcionarios haciendo sus labores. Entro y me pongo al lado de la señora agachada. Ésta no para de escribir. Comienza a mirar hacia arriba, hacia mi, tapando lo que escribe con una mano, como si estuviera haciendo un examen. No entiendo nada, la verdad. Tomo un número de la máquina expendedora: 72. El oráculo indica el 75. Esto casi lo entiendo menos. En las sillas de espera sólo hay una pareja, me siento a su lado. No saco el libro. Debo poner toda mi atención en ver que pasa, tengo un número anterior a lo que el oráculo me dice y eso me hace poner nervioso. La señora del examen continúa con su labor y yo cada vez más atónito pensando en que cojones estará haciendo. La pareja de al lado se han ido con una señorita que ha entrado. Yo tomo mi hoja autocopiativa y saco un bolígrafo del bolsillo con el que voy escribiendo los datos que me indicaron abajo. Termino. La señora del examen continúa. No es posible que esté cumplimentando lo mismo que yo. Suena el oráculo: 76. Me levanto y voy a la mesa que indica el luminoso. Buenos días. Buenos días. Tenéis un problema con los números, esto da el 72 y sin embargo la pantalla marca el 76, le informo a la amable señorita. Uy, gracias, ya se ha descolocao otra vez. Un momento. Se levanta y va hacia la maquina al tiempo que me chilla ¡Vaya sacando el DNI!. Por supuesto, aquí está. La señorita me pregunta por mi dirección y teléfono. Busca empleo de informático ¿verdad? Sí. Muy bien ¿Inglés? Por u momento estoy tentado en responderle, no español, pero no me atrevo, no se si ese tipo de respuestas sentarán muy bien en el infierno. Le comento mi nivel de inglés. ¿Informática? Me quedo un poco extrañado, tratando saber exactamente que me está preguntando. Ella se ríe y dice Uy que tontería si es usted informático. Sí claro.

Buenopuesyastáhorabajustéalsitiodedondehavenido

yesperaquelellamenparaentregarlesudemandadempleo.

Muy bien, muchas gracias (esta vez no he dicho ok).

A usted, buenos días.

Buenos días.

Bajo y espero frente a una señora muy antipática que está parapetada tras una mesa y que de vez en cuando chilla algún nombre.

¡JOSE NAVEIRAS!

¡Yo!, ¡Yo!

Me acerco a la mesa y me entrega un papelito que dice “Demanda de empleo”.

Recuerdo que debo ir ahora a la primera maquinita y pulsar la letra B. Mientras lo hago miro a la chica que me ha atendido la primera vez y veo que se ríe mientras ve como tomo mi B. Lo alzo y le pregunto ¿y ahora? Por ahí, señala al fondo de la oficina. Pasas por debajo de la escalera, sigues el pasillo y esperas  en la sala a que salga tu número. Gracias de nuevo. No hay de que. Me sonríe ¿se podrá ligar en este lugar? Me pregunto.

Avanzo y paso por donde me ha indicado la señorita A. Llego a una gran sala, miro mi papelito, B52. Pienso en el grupo de los 80. Miro al correspondiente oráculo. B15. Me muero. Lo confieso, estas cosas me quitan un poco de vida cada vez. Tomo asiento. Recuerdo mi libro. Lo saco del bolsillo y me pongo a leerlo. Lo termino. Miro al oráculo. B36. Vuelvo a abrir el libro. Me lo vuelvo a leer, no es muy largo. Miro al oráculo de nuevo. B50. Guardo el libro. Abro la carpeta y vuelvo a repasar los papeles. No he perdido ninguno, ni los que yo traía, ni los que me han entregado aquí. B52. Me dan ganas de gritar de alegría, pero guardo la compostura. Me acerco a la mesa y comienzo a hacer entrega de los papeles que creo que son necesarios: el formulario autocopiativo, el certificado de empresa, la demanda de empleo. Espero. ¿Me da el DNI? Se lo doy. La mujer que me atiende no para de golpear el teclado con sus dedos, sin preguntar nada, muy seria, muy profesional. De repente para con la actividad frenética de sus dedos, gira bruscamente la pantalla de su ordenador y me dice, ve, este mes le corresponde cobrar esta cantidad queseharáefectivadel10al15decadamesyacontinuacióustécobraráestaotracantidadenelperiodoindicado

anteriormentedecadamescorrespondientehastaelproximoaño.

Perfecto. Tome sus papeles y su DNI. Muy bien, gracias. No hay de que.

Meto todos los papeles en la carpeta y me voy hacia la salid. Paso por la mesa de la señorita A. Adiós buenos días. Adiós. Salgo. Respiro hondo. Va a llover. Es normal, estamos en primavera.

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3 thoughts on “La obra del diablo en la tierra

  1. Tuve que copiar tu “Divina Comedia” en el procesador para poder leerlo y sí, veo que fue un paseo por el mismo infierno. A ver si pasa pronto y puedes escribir un Paraíso.

  2. Tenías que haber sacado el papelito JB; el B significa “bueno, si insistes” Quien más quien menos, hemos visitado esos infiernos y parecidos, un consejo, no te dejes engañar por la sonrisa de la administrativa, espérala a la vuelta de la esquina, y si no te da empleo, te empleas en ella. Ay que sería de nuestras vidas sin el cinismo, probablemente sigamos aborregados lo mismo, pero por lo menos, seremos unos borregos ilustrados. Y digo yo que mundo tan absurdo, que personas con tu mente y tu carácter, no encuentren empleo relajado y sueldo de ministro. ¿Alguiénloentiende?simepermitesqueteparafraseeenlaformaysinelcontenido… (a que jode leerlo así de seguido, pero que manera más visual de representar a la masa social en una fila infinita, esperando hallar esperanza, en las mismas puertas del infierno)

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