Crónicas de verano 5

Fauna marina.

Llegada a paradisíaca calita almeriense en el parque natural de cabo de gata. Pepelhijo otea el horizonte mientras pepelpadre coloca sombrilla y la reina extiende toallas. Pepelhijo divisa plataforma marina en la que hay toboganes y trampolines varios. Pepelpadre observa que hay bandera amarilla, pero no hay olas. Extraño, piensa.

Pepelhijo comienza su ronda de argumentos para hacer nadar a pepelpadre hasta la dichosa plataforma que ha detectado. Pepelpadre analiza la situación y llega a la conclusión de que para su escasa forma física está demasiado lejos la plataforma como para que pueda llegar a nado hasta ella. Pepelhijo no desespera, insiste en que han de ir juntos hasta allí. ¿Por qué habrá bandera amarilla?, se pregunta intrigado pepelpadre. Pepelhijo sabe que a base de ponerse pesado conseguirá que pepelpadre le acompañe hasta la plataforma marina. Pepelpadre finalmente sucumbe ante la insistencia y ambos comienzan su hazaña marina de alcanzar el objeto de deseo de pepelhijo.

El nado es relativamente rápido y en pocos minutos se plantan muy cerca del objetivo, apenas unas brazadas más y estarán en la plataforma. En un momento dado pepelhijo pega un alarido que, obviamente, alerta a pepelpadre. Parece ser que una medusa ha tocado el brazo de pepelhijo y le ha dejado una buena marca, aparte de una buena dosis de dolor que se refleja en la cara de la criatura (de pepelhijo, no de la medusa). Pepelpadre, pese a su escasa pericia como nadador, lleva a pepelhijo hasta la plataforma. Ambos suben a la misma. Ahora pepelpadre ya sabe por qué la bandera amarilla.

Rápido análisis del brazo. La cosa no ha sido exagerada, pero es bastante hermosa la irritación en el brazo. Pepelhijo se queja del dolor. La zona está muy enrojecida y comienza a hincharse. Pepelpadre observa el agua y divisa pequeñas medusas alrededor, no en una cantidad alarmante, pero sí pasan de vez en cuando por delante. Hay que volver y pepelhijo expresa notables muestras de pánico al pensar en la posibilidad de volverse a zambullir en las aguas donde habitan los casi transparentes seres vivos.

En la plataforma hay un otro ser de pequeña edad, aunque no de la misma nacionalidad del pepecombo. No hace más que dar vueltas alrededor de la plataforma y en cuanto divisa una medusa, trata de espantarla con las manos. Pepelpadre comienza a dudar de la inteligencia de este pequeño y rubio humanoide.

Nuevo intento por parte de pepelpadre para convencer a pepelhijo de que hay que zambullirse de nuevo para poder llegar a la orilla y acudir al puesto de socorro para que apliquen algún tipo de ungüento o pomada a la zona afectada de la anatomía de pepelhijo y que así se cure y deje de doler. Parece que esta última razón ha convencido a pepelhijo. Pepelpadre analiza la situación:

– No hay muchas medusas

– Las medusas no son muy grandes.

– La corriente marina va de izquierda a derecha.

– De la plataforma sale una maroma que tiene atadas unas pequeñas boyas y esta hilera llega cerca de la playa.

La solución es fácil y se la explica a pepelhijo:

– Pepelhijo ha de nadar por la parte izquierda de las boyas.

– A la izquierda de pepelhijo nadará pepelpadre que hará de pantalla ante un posible ataque de salvajes medusas.

– En caso de nueva picadura, pepelhijo siempre puede asirse a las boyas, si así lo requiere.

El pequeño y rubio humanoide de desconocida nacionalidad escucha las explicaciones que pepelpadre da a pepelhijo. Debe entender español, piensa pepelpadre.

Comienza la operación retorno a la playa. Pepelpadre salta al agua y a continuación pepelhijo. Ambos se colocan en la situación acordada con anterioridad. Detrás de ellos suena un chapoteo. El pequeño y rubio humanoide extranjero ha decidido unirse a la operación. La anatomía de pepelpadre da para poder cubrir a los dos infantes, así que parten los tres en pos de tomar la playa. Comienza el nado, pepltenso trata de dar ánimos, los infantes tienen cara de miedo. Pepelpadre continúa dando ánimos mientras bracea en paralelo a ellos. Toda va bien y la velocidad de crucero es adecuada, en poco tiempo, calcula pepelpadre, llegarán a la playa. Está a punto de acabarse la líneade boyas. En ese momento pepelpadre siente un fuerte dolor en su hombro izquierdo. Una medusa le ha atacado. Pepelpadre piensa rápidamente. No puede quejarse, ni mostrar cara de dolor ya que seguro que sembraría el pánico entre la población infantil de la comitiva, lo que pondría la cosa bastante mal. Pepelpadre decide en décimas de segundo continuar nadando como si nada. El hombro izquierdo de pepelpadre comienza a dormirse por la agresión de la medusa, pero impávido continúa con su labor de protección y aliento a los infantes. Ya no hay boyas, aunque pepelpadre sigue observando que hay alguna medusa a su alrededor. Apenas unos metros restan para llegar a la playa. Sin boyas a las que asirse, pepelhijo no para de preguntar si su progenitor hace pie. En cuanto pepelpadre puede plantar el pie en el fondo de la playa, ambos infantes se cuelgan del cuello de éste.

Pepelpadre comienza así una lenta y corta caminata hasta la orilla, los infantes han llegado sanos y salvos a la orilla.

Llegada a la sombrilla y relato de los hechos a la reina que no sale de su asombro. Confesión de pepelpadre del ataque medusil sufrido en su anatomía.

Visita al socorrista que aplica a pepelhijo una pomada blanca en la zona afectada por el ataque de la medusa. Pepelpadre decide no aplicarse nada, un pepeltenso es muy hombre para andarse con esas cosas.

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