Otro poema de surf

La verdad es que de siempre quise hacer surf y nunca he tenido ni el tiempo ni la disponibilidad para hacerlo. Pero siento mucha envidia de todas aquellas personas que disfrutan practicándolo, la verdad.

El caso es que como ni se, ni puedo surfear y mis tobillos distan ya mucho de lo que fueron, me dedico a escribir acerca de lo que creo que puede llegar a ser surfear, al menos lo que creo yo que sentiría.

Ven, sube.

Subo a la cresta de la próxima ola.
Espero erguido a que el agua me golpee
con violencia en el estomago
y se lleve con cada golpe
los lamentos.

Espera, espera,
aún no me he subido
a la última ola.

Espera, espera,
me quedan trucos aún
para salvar la marea.

Afeito con mi hoja afilada
la espuma que el mar
se empeña en crear
y ni siquiera los pájaros negros
son capaces de entonar
la canción que consigo
imaginar bajo mis pies.

Ven, sube a esta tabla
que le robé a la última playa.
Tenemos miles de gotas
con las que chocar
en nuestro futuro.

Subo por la próxima
pendiente de agua
y el mar me arranca
las lágrimas
que la última noche
me dejó tatuadas
en la cara.

Ven, sube conmigo
a buscar la última ola,
no hemos creado aún
suficientes estelas
en nuestros sueños.

Me quedan demasiados sonidos
que matar con golpes de agua.
Me quedan kilos de confusión
que malgastar a revolcones
de atardecer.

Ven y dame unos labios
Con sabor a neopreno,
Dame una boca
llena de sal.

Subo a la última tabla
antes del anochecer
para encumbrarme
en tus primaveras.

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