Crónicas de verano 3

Seres abominabilis veranienses:

Me encuentro observando la flora y la fauna local. Curiosa, sobremanera.

Los más curiosos,  por el momento, y que han centrado mi observación y análisis son seres venidos, esto es seguro, de inframundos terroríficos y olvidados. Mundos descritos en muy pocas ocasiones por personas que perdieron la razón y la vida a temprana edad.

No cabe duda que su misión es preparar el terreno para el advenimiento del gran fétido, del señor de lo oscuro, de la criatura dueña de todos los males.

Visten curiosos ropajes, aunque podrían disimularse sin problemas con la fauna común (cortas pantaloneras y prendas de tejido de algodón que normalmente dejan ver perfectamente las extremidades superiores sin problema alguno, ambas prendas con cantidades ingentes de suciedad).

Lo que les hace realmente peculiares son las extrañas prótesis con las que cubren sus cabezas. Semejan a medio huevo de color negro cuya utilidad escapa a cualquier intelecto. Bailan en sus esféricas extremidades sin ton ni son ya que no se sujetan por los cables diseñados a tal efecto. Dichas prótesis son de color negro (acorde claramente a los oscuros objetivos a los que han sido traídos a este pequeño planeta), semiesféricas y con una pequeña protuberancia en la parte que se adivina como delantera con la que se supone tapan sus órganos encargados de videar de los rayos solares.

Cabalgan estos infraseres sobre extraños jamelgos que por patas tienen un par de circunferencias negras de pequeño diámetro. Dichas cabalgaduras  llevan acopladas las trompetas del apocaclipse (apocalipsis en otras culturas) y hacen que suene por toda la geografía en la que han hecho su madriguera a cualquier hora del día o de la noche. El sonido que emiten es, desde luego, la llamada al señor de los abismos en la tierra. Sonido atronador, ensordecedor, desagradable en tono máximo. Ruido infernal que no para de sernos regalado para el aturdimiento generalizado en espera del advenimiento del mencionado fétido.

Suelen moverse en pequeños grupos de tres o cuatro individuos, a veces cabalgan dos sobre la misma montura y otras veces (las más) suelen hacer que sus cabalgaduras corran sobre una sola de sus circunferencias.

¿Nadie podrá devolver a estas criaturas a su fétido agujero de donde nunca debieron salir?, ¿acaso no se ha dado cuenta nadie de lo que se nos viene encima?, ¿no se ha percatado nadie de la extraña y maléfica mirada que de soslayo nos regalan cuando encabritan sus monturas envueltos en ese ensordecedor llamado de servidumbre a la bestia?

Cuentan que estas mismas criaturas se han visto en otras latitudes, si es así, que los Cielos se apiaden de nosotros. ¿Es el tunning la evolución natural de aquesta triste y peligrosa religión de los avernos?

P.D. Mi reina sigue tornando su piel cada vez más oscura. Me pregunto ¿es natural?, ¿debo asustarme?, ¿es normal este cambio de piel?